Transformación partidaria

Por Margarita Cedeño

Con el inicio del IX Congreso dedi­cado a José Joa­quín Bidó Medi­na, el Partido de la Liberación Dominicana da inicio a un proceso de trans­formación partidaria que sen­tará las bases para volver a conectar con los anhelos y de­seos de la población domini­cana, a la vez que preparará a la estructura partidaria pa­ra ejercer un rol opositor pro­ductivo y en pos de los mejo­res intereses del país.

La introspección nunca es un proceso sencillo para nin­guna organización. Resulta mucho más difícil para las or­ganizaciones políticas porque hoy en día, en todas las latitu­des, están sometidas al cues­tionamiento de la sociedad y se enfrentan a grandes cam­bios sociales que han impac­tado la forma como las orga­nizaciones se comunican con los ciudadanos.

El resto es interesante. El partido se enfrenta a tres grandes brechas que debe abordar de manera trans­versal. La brecha generacio­nal, porque mientras ejercía­mos la labor gubernamental fue creciendo una nueva ge­neración de jóvenes interesa­dos por la política que no en­contraron en el PLD el río a donde llevar su cauce; la bre­cha tecnológica y de innova­ción, porque en 16 años con­tinuos de gobierno la forma de hacer política cambió sus­tancialmente y el partido ne­cesita adecuar sus métodos a esta renovada realidad. Y, fi­nalmente, la brecha de géne­ro, porque si hay una realidad innegable es que las mujeres cada día más trabajamos con ahínco para obtener un espa­cio en la política y en la toma de decisiones, y el PLD debe mantenerse a la vanguardia de esa realidad.

Al mismo tiempo, la orga­nización tiene que entender un proceso que resulta nor­mal en una institución que ha sido exitosa en la aplicación de sus métodos de trabajo. Para muchos, lo que convir­tió al PLD en la organización política más importante del país en el pasado, es lo mismo que le devolverá su sitial en los próximos torneos electo­rales. No necesariamente. En el PLD hay que armonizar lo que fuimos con lo que quere­mos ser, porque la mística de un partido de cuadros donde todo el mundo se conocía no volverá a suceder, pero sí po­demos aspirar a una organi­zación más ágil, más pequeña y comprometida.

La transformación más im­portante que debe acometer el PLD es la definición clara de la condición de militante y la de simpatizante, que ya ha sido discutida en Congre­sos anteriores, pero que nun­ca fue asumida por la estruc­tura. Los derechos y deberes del militante, que es quien le puede dedicar más tiempo que el que le sobra a la orga­nización, deben ser distintos a los del simpatizante, que es quién asume un compromiso menor con los objetivos parti­darios.

El IX Congreso Ordinario es la oportunidad para de­sarrollar amplias discusio­nes sobre este y otros temas, comprender el rol del PLD en una sociedad renovada y que cambiará aún más, de­bido a los efectos de la crisis generada por la pandemia de Covid-19. En la base de la tarea que hemos asumido está la necesidad de estable­cer mecanismos para escu­char a todos los estamentos de la sociedad, disponer de personas dedicadas exclu­sivamente a la tarea parti­daria y, claro está, tomar las medidas propias de un régi­men de consecuencias fren­te a quienes le han fallado a los principios partidarios.

Toda la estructura del PLD debe dedicarse en cuerpo y al­ma a la tarea de transformar al PLD, con honestidad y sen­tido autocrítico, con el deseo de aportar y escuchar más y hablar menos, reconociendo aquellas tareas donde falla­mos y tomando las medidas para no volver a equivocar­nos. Ese es el espíritu de quie­nes vivimos comprometidos con aportar, guiados por el Boschismo y sus enseñanzas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *